Prólogo

“La Argentina no es un país, es una trampa”
Diálogo de F.Luppi en el film Martín Hache.



Este libro no es acerca de anarquía. Todo lo contrario. La idea es entender que el poder debe necesariamente volver a sus orígenes. Que para construir una verdadera democracia es necesario devolver el poder al soberano, es decir, al pueblo.
Por ello no debe entenderse la propuesta como de “desintegración nacional”, habida cuenta que la unión nacional no fue producto del consenso, sino del uso de la fuerza.
Por el mismo motivo es que cuestiono la utilidad de todo tipo de poder supranacional. Sean las Naciones Unidas, el FMI, o el flamante proyecto de “Parlamento del MERCOSUR”.
Cada vez que el poder se aleja un escalón más de su legitimidad, nos alejamos indefectiblemente de la democracia.
Por ello una confederación es mucho más democrática que una unión. La misma razón hace que las decisiones de la UN carezcan de genuino y legítimo sustento. No hay en ella un solo funcionario elegido por voto popular directo!

Trataré de explicar por qué creo que la división del poder es en beneficio del pueblo y no a la inversa como siempre intentaron hacernos creer.
Supongamos un grupo de 10 personas que deben elegir el color de su bandera. Tres personas creen que debiera ser blanca, otras 3 creen que debería ser azul, 3 creen que no debería haber insignia alguna, y una propone que sea azul y blanca a rayas. Luego de debatir se decide por 7 votos contra 3, que sea azul y blanca pero a cuadros. Conclusión: NINGUNO de los intereses originales se ve satisfecho. Sin embargo esa insatisfacción es producto de un consenso. Esto ya fue en cierto modo abordado en los estudios sobre la voluntad general por Rousseau y otros.
Si lleváramos esto a escala, podríamos asegurar que a mayor cantidad de individuos, el consenso (indispensable para la vida social) traerá necesariamente mayor insatisfacción individual. Si en cambio en lugar de buscar cada vez consensos mayores a través de mayores aglutinaciones (provincias, estados nacionales, uniones y acuerdos internacionales), devolviéramos el poder de fraguar su propio destino a unidades de población menores como regiones y municipios, el nivel de satisfacción individual y el grupal respetando sus propias diferencias aumentarán. El “No” francés a la constitución europea, debería ser un llamado de atención para los políticos del mundo. En nuestro ejemplo, cada grupo podría usar la insignia que creyera más conveniente.
Es fundamental comprender este concepto y diferenciarlo del concepto de anarquía, que no tiene cabida en este proyecto. Si tiene cabida en cambio el concepto de democracia, pero verdadera democracia. No hablo de un estado de asamblea permanente, porque ello no permite el progreso de los pueblos. Es necesario para progresar cruzar el estadio de deliberación para pasar a la acción.
Pero sí considero fundamental que en virtud de los adelantos técnicos, se aproveche de ellos para instrumentar los cambios que aquí se plantean. Y que no son otros que el de devolver a los pueblos el poder de decidir y diseñar su propio destino.

Argentina, tal como la conocemos hoy, no tiene futuro.
Estoy convencido de que sólo una reforma integral permitirá comenzar un verdadero camino de progreso. Y al mencionar reforma “integral”, es justo y sólo eso INTEGRAL.
Provincia por provincia, constitución por constitución, en cada región y en cada uno de los tres poderes que hacen al gobierno republicano. Incorporando mecanismos de decisión directa y reflejando sus estructuras y sobre todo su futura geografía la voluntad de sus ciudadanos.

Espero que este primer intento, sirva para que quienes son verdaderos expertos en cada uno de los temas tratados, no se limiten sólo a la crítica improductiva. Sino que dejen de lado sus preconceptos, sus intereses individuales y corporativos, y comiencen a hacer públicas sus propuestas de cambio.

Si logro despertar el debate, mi objetivo estará cumplido.
PCG – Villa Dominico. Junio de 2005.




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